El miedo infantil 

Por: Francisco González 

Durante mi práctica como hipnoterapeuta, mi relación de trabajo con infantes es muy frecuente y variada. Es común que cada semana haya niños/as incluidos en mi agenda de trabajo; este hecho me es muy enriquecedor por los resultados, incluyendo a aquellos pequeños que llegan a mi oficina con problemas que podrían ser considerados como graves.

Las razones por las que llegan son múltiples: pereza, ira, problemas de aprendizaje o memorización, mal comportamiento en la casa, Etc.; sin embargo la razón número uno es el miedo, que con mucha frecuencia trae raíces de la etapa de gestación como lo he descrito antes. Sin embargo, mucho del problema que afecta a los infantes se debe a la desatención o a la incapacidad de los padres, que por distintas razones los exponen voluntaria o involuntariamente a ser dañados por otras personas: extraños, familiares, visitas ocasionales, maestros o compañeros en la escuela, personas que los cuidan mientras los padres trabajan, pero por sobre todo ellos mismo como tutores permanentes en la cotidianidad del día a día, ya que directa o indirectamente, emocional y físicamente suelen ser expuestos al abuso y la violencia familiar, lo que en muchos de los casos suele ser periódico y hasta perverso.

Uno de los sucesos que mayores secuelas de temor deja en un infante, es el ver una película o una escena de terror cuando aún se es muy pequeño, lo que posiblemente le provocará pesadillas y miedo a la oscuridad y a dormir solo. Esta clase de miedo se refuerza con la repetición de películas o eventos con el mismo contenido.

Todo lo que describa al respecto es pecata minuta, en cuanto al daño emocional al que pueden ser sometidos los infantes por la ineptitud y la ignorancia de esos padres, al no estar atentos y observantes de cualquier cambio o daño evidente en su conducta y en sus hábitos, ya que de esa manera podrían tomar acción con la intención de corregir lo que esté afectándolo. Esta ineptitud como padres permite que el miedo y sus consecuencias se hagan mayores. Cuando los padres o tutores advierten el daño y toman acción inmediata, minimizan el daño activo o potencial de sus hijos o custodios, evitando mayores posibles consecuencias.

Cuando un infante es víctima del miedo, es posible que en ciertas circunstancias su inseguridad sea manifiesta. Por lo tanto, al ser tan evidente dicho miedo puede provocar la burla y el escarnio de las personas que le rodean, incluso de alguno de sus padres. La  reacción ante su miedo y la agresión a su persona deriva en hacerle sentirse con una bajo auto estima de sí mismo, haciendo que el camino del diario vivir para ese pequeño sea más complejo y doloroso. Evidentemente este miedo se ira reforzando durante su desarrollo, magnificándose con el transcurrir del tiempo. ¿Qué futuro le espera a ese infante cuando sea adulto?

Un niño/a que crece con esta pesada carga, seguramente estará predestinado al fracaso. La baja autoestima se irá reforzando cada día a la par del miedo, lo que le limitará en sus aspiraciones para ser libre y triunfar; tal vez obtenga éxitos materiales y sociales, sin embargo no le alcanzará para ser feliz. Habrá que argumentarse mucho y posiblemente termine recurriendo al apoyo artificial del alcohol o las drogas para darle a esa vida cierto sentido en su sinsentido para vivir. 

La hipnoterapia permite fácil y certeramente ayudar a estos pequeños a resolver todo ese desorden emocional, ya que a diferencia de los adultos los niños tienen una historia personal muy corta, lo que les faculta para transformar todo lo negativo en positivo en muy corto plazo y de manera más sencilla, dándoles esperanza y una nueva oportunidad de aspirar a una vida mejor. 

Durante el periodo de terapia, es necesario hacerle algunos señalamientos e indicaciones a los padres o tutores con respecto a la relación con los niños/as, creándoles conciencia de los errores cometidos con ellos para que de esta forma intentes hacer un evidente cambio positivo de actitud en la dinámica familiar en beneficio de toda la familia, lo que deberá redundar en el bienestar de sus pequeños con quienes tienen una obligación cósmica y divina al estar bajo su tutela.

Lo recomendable sería que los padres fuesen quienes primero se sometieran a un proyecto de terapia, el que sea, ya que los pequeños no se descompusieron solos, de esta forma cuando el niño(a) asista a la terapia, ya no estarán expuestos nuevamente a los desequilibrios de sus padres o tutores. 

Si quiere comunicarse con el autor escribe a Hipnoterapiamx@yahoo.com

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