Esto ha sido como un torrente que no se detiene, que no retrocede y que cada vez es más amplio y poderoso. Me refiero a la presencia de las mujeres en el Congreso 116 de Estados Unidos que tomó posesión el pasado 3 de enero. Por primera vez en la historia 125 mujeres tomaron el juramento para servir al país, 18 más que en el Congreso 115. Me sentí alegre de ver tantas mujeres como nosotras, como usted y como yo, que decidieron salir de las sombras y ayudar a gobernar este país.

Tuve la oportunidad de asistir a la ceremonia de juramentación del caucus Hispano y el sentimiento fue tan grande que no puedo describirlo. Sin embargo, este río caudaloso de participación política no siempre ha sido así. Me acuerdo cuando voté por primera vez. Era 1996, y aunque estaba muy joven, intuía que mi opinión podría ser importante en la toma de decisiones.

En ese entonces había muy pocas candidatas mujeres, y mucho menos latinas. El Congreso de hoy tiene representantes de todos los orígenes étnicos, de todas las creencias e incluso tiene a la congresista más joven. A nivel local, la representación también alcanzó números importantes de mujeres y de latinas, Felicidades, que orgullo ser testigo de este momento.

Debemos sentirnos orgullosas de lo que hemos logrado, pero no podemos dejar de luchar, de insistir de que no hay otra forma de cambiar las cosas que haciendo escuchar nuestra voz. Y por último, como siempre repito a todos los que están cerca de mí, tramite la ciudadanía, no deje pasar más tiempo, que nadie más decida por usted. Háganlo por el bien de sus hijos y de sus familias.

Sinceramente,

Fanny Miller